Talento digital ¿Cómo era antes?

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En esta búsqueda e investigación acerca del talento digital, llegué a la siguiente pregunta ¿Cómo era antes? ¿Quiénes trabajaban en el marketing digital en los primeros años del mileno en Chile? Si bien no dispongo de un estudio – y en realidad no sé si exista – puedo compartir mi vivencia personal, tratando de entender el contexto que permitió que muchos terminamos transformando un hobbie, en una profesión. Y cómo crecimos profesionalmente tratando de entender los cambios en materia de marketing digital. Me imagino que habrán miles de historias, te invito a compartirlas.

Año 2000, me tocó hacer la práctica, pues recién había egresado de Publicidad en la UDP. Y la hice en la agencia BBDO, la cual tengo muy bonitos recuerdos de ese equipo que me enseñó muchas cosas. La hice en el área de Cuentas, como asistente. Por supuesto, veíamos spots, gráficas, frases radiales y todo lo off. Por supuesto, ese era el negocio de la agencia y puedo decir con seguridad que de toda su competencia en esos años en Chile.

Sin embargo, para la cuenta que trabajábamos, sí existía el ítem “página web”. Es decir, ya se sabía que la web, por muy rudimentaria que fuera, era una valor para la marca. Y se hacía así: el Director de Arte (off, obvio, no había otro) hacía un jpg que se imprimía y se revisaba en una mesa de reuniones. Me acuerdo perfecto. Nada de wireframes, ni ninguna otra metodología que hoy sería imposible de saltarse. Pero en esos tiempos estaba bien, no se necesitaba más. Las opiniones eran muy de gusto, de si seguía la línea gráfica de la marca y si los “botones” (que representaban las secciones) eran los correctos. Una vez aprobado, se llamaba a la “agencia de internet”, los cuáles se encargaban de producirla. Nada de email, contenido, search y menos RRSS que no existían.

En casa teníamos internet con conexión telefónica. Todos se acuerdan que si estabas bajando algún archivo y sonaba el teléfono, se cancelaba la conexión y había que empezar todo de nuevo. Pero como todo el sistema era nuevo, nadie se enojaba, ya estábamos muy contentos de estar en la red. Por supuesto, ya habían sitios webs chilenos y me llamaban mucho la atención, yo quería hacer uno. Por supuesto, al final terminé haciéndolo en forma autodidacta. El primer sitio web que vendí fue por $50.000 (menos de U$100 hoy) y me costó mucho, en realidad no sé como lo vendí si ni siquiera sabía hacerlos. Sentí que era un impedimento y decidí tomar un curso.

Me matriculé en Tracor, un instituto español que ahora ya no existe. El curso era “Armado y Edición de Sitios Webs”, donde nos enseñaban Flash 4, Dreamweaver 3 y Fireworks 3. Ahí en el curso me encontré con arquitectos, diseñadores, publicistas, periodistas y gente que en ese momento veía lo digital como una habilidad complementaria a sus actividades. Con el tiempo muchos siguieron firmes en el desarrollo web. Algunos simplemente se dedicaron a armar sitios y se transformaron en lo que hoy conocemos como Front-End y otros tomamos caminos que lo digital complementaba a lo que habíamos estudiado. Sin embargo, era muy temprano para entender como madurarían los talentos digitales, todavía habían muchos autodidactas.

En esos años, se podía distinguir a los maquetadores, los programadores, diseñadores (web y flash) y el cargo que estuvo de moda por mucho tiempo: el webmaster. Era un multifuncional que sabía algo de servidores, hacer sitios web, subirlos, manejar softwares gráficos, algo de programación, animar intros en Flash y todo lo necesario para mantener una web arriba y que ésta no se cayera. Era bien visto ser webmaster, como un trabajo del futuro. Era entretenido, tenía clientes en esa época que eran realmente ignorantes, pero si le agregaban seriedad al trabajo, era una fuente laboral importante.

El problema era el servicio post-venta (y que hizo que nacieran los CMS unos años después), ya que cualquier cambio que quisiera el cliente, como subir nuevas fotos, arreglar el texto o agregar nuevas páginas html, se cobraba por cambio y eso era difícil de cuantificar. O más bien, era difícil que el cliente estuviera dispuesto a pagar por cada coma o punto que se le ocurriera. Los clientes se daban cuenta que a veces era sólo cambiar un texto y subirlo por ftp y no era justo cobrar por esos cambios mínimos. Las necesidades del mercado y la tecnología CMS comenzó a desperfilar ese cargo.

Por otro lado, no habían analistas de métricas web. Las estadísticas del sitio eran unos códigos que les agregaban a las páginas unitariamente, aunque en muchos casos sólo a la home  y aparecía un número de visitantes, gráficamente era un contador y se ponía en la zona de abajo. Nada de filtros, ni rebotes, ni tiempo de permanencia.

El search no existía como tal. Habían portales como Lycos, Yahoo o Altavista que simplemente estaban llenos de banners sin ningún tipo de contexto. Años después Google barrió con todo eso y comenzaron a nacer los analistas SEM y SEO. Aunque como redactor creativo, me tocó hacer avisos para adwords, con palabras claves, descripción, títulos y hubo que aprenderse las reglas que imponía Google, que los de cuentas nos las pasaban en power points. El tiempo finalmente separó a los redactores creativos (hoy mayoritariamente enfocados en posts) y los que sólo arman avisos. En el caso de la publicidad en Facebook, la industria se dio cuenta que con un Community Manager multifuncional bastaba para hacer todo.

De Planners, muy poco. La visión estratégica digital la tenían simplemente los que disponían de más información. A veces podía ser los de cuentas, programadores o los creativos, donde nos tocaba presentarles a los clientes el por qué de sus desarrollos digitales. Los clientes escuchaban y a algunos les parecía interesante, divertido y otros sentían que sinceramente perdían el tiempo con internet y todos esos temas vinculados con jugar, adolescentes o pornografía.

Esos años, unos programadores de la agencia (hoy uno trabajando en NY y el otro exitoso emprendedor de agencia de performance) nos hablaron de las redes sociales. De Facebook, Twitter, (Second Life por ahí) que era el futuro y que otras empresas ya estaban inscritas, donde sólo había que abrir una cuenta gratis y se podía conversar con el mundo. Todo esto se escuchaba con un grado de incredulidad; sin embargo, era entretenido experimentar. Recuerdo que no había mucha claridad quién tenía que estar a cargo de esas cuentas. No existía la figura del Community Manager, menos del Social Media Manager. Tampoco había mucha métrica relevante, ni se sabía bien qué valor le podía dar a la marca (recuerden que en esa época los twits eran del tipo ‘me estoy levantando’, ‘estoy entrando a clases’). Al final el tiempo hizo decantar los roles y propósitos de las RRSS en la comunicación comercial. A su vez, ellas se fueron sofisticando a medida que sus dueños comenzaron a ver el negocio que existía.

Hoy todo está más profesionalizado. Van naciendo y desapareciendo cargos. He leído por ahí que podría ser el futuro de los Community Managers (reemplazados por robots o simplemente por otro profesional que redacte bien y punto) y nuevos roles como los Data Scientist que lograrán articular la cantidad enorme de datos a los que estamos cada vez más expuestos. Todo cambia y en esta industria, con mayor razón.

¿Y tú, qué recuerdas de los cargos en los inicios del 2000?

 

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