Siete meses cesante (completo)

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Capítulo 1: Desvinculado y desorientado

Soy Andrés. Tengo 41 años y acabo de encontrar trabajo. Me costó 7 meses de espera para escuchar la frase “Felicitaciones, partes el lunes”. Este tiempo aprendí muchas lecciones de vida que jamás habría pensado y que sólo las había leído en tips de coachings, pero siempre lejano suponiendo que nunca las necesitaría.

Acá va mi testimonio que espero pueda ayudar a otros que están pasando lo mismo que me tocó a mí.

La desvinculación

Yo trabajaba de ejecutivo hace 3 años en una empresa que comenzó a dar muestras de bajos números. Llegó el día que por conversaciones de pasillos nos enteramos que se vendrían despidos y en dos semanas comenzaron a concretarse. Fueron cuatro días del terror. Cuando los superiores nos “llamaban a conversar”, todos sabíamos que la gente no volvería y sabíamos por adelantando lo que se venía

Ese día despidieron a otra persona de muy mala manera. En el pasillo se escuchaban los griteríos y hasta pusieron a uno del equipo esperando en el escritorio del recién despedido para que sacara sus cosas. El ambiente estaba muy tenso y varios tenían susto.

Sospechaba que a mí también se me venía. Había llegado un nuevo gerente e intervino el área donde yo trabajaba. Me llamó a conversar cerró la puerta, dijo algunas cosas de la empresa, los número y finalmente tiró la frase: “Prefiero que lo dejemos hasta acá, te tienes que ir”. Mi reacción fue simple, le dije “lo entiendo, pero no lo comparto” porque mis cliente andaban bien, pero el global mal. Veía que era imposible velar por mí solamente, así que acepté la decisión. El jefe me dijo gracias por la caballerosidad, porque no hice ningún escándalo.

Me fui a mi casa relativamente calmo. Hace muchos años había tenido otra experiencia de despido, ¡Pero la cesantía me había durado 1 semana apenas! Yo tenía esa sensación positiva en el estómago porque sabía que iba a encontrar empleo rápido. Tenía ese truco en la cabeza, porque soy buen trabajador. Yo no me convertiría en cesante, pero estaba tranquilo/nervioso. Nunca me imaginé cuánto tiempo se iba a demorar este periodo.

Así a la rápida pensé que estaría sin mucha actividad los dos meses, luego me iba de vacaciones porque ya había comprado los pasajes para el extranjero y además para no tener que pedirlas en el supuesto nuevo trabajo. Volviendo del viaje, ya me pongo a trabajar. Simple planificación, pero eso NO pasó.

Desorientado

Comenzó a correr el tiempo y me di cuenta después que mi plan era débil, porque esos primeros dos meses en realidad los ocupé para intentar emprender. Un amigo me prestó la oficina, me fui con mi computador a buscar clientes y tirar currículums, a ver qué salía primero.

Pero esos dos meses iniciales de verdad no sabía qué hacer, estaba desorientado. Me salieron reuniones con prospectos y de entrevistas de trabajo, pero nada concreto. Gente se me acercaba y me decían que dejara de enviar currículums que me independizara, yo miraba con cara de “mmh, no sé”. Fue recorrer un camino bastante sinuoso para mi cabeza, no estaba claro si era la estrategia correcta. Ahora pienso que es esperable no tener claro qué exactamente uno va a hacer luego del despido, pero tampoco me senté a pensar cuales serían mis próximos pasos.

Acercándose al final de esos dos meses, empecé a perder fuerza en esta búsqueda de clientes o entrevistas de trabajo. Desorientado y se acercaban las vacaciones, así que comencé a abandonar el foco. Los últimos días, ya quería sentarme en el avión y desconectarme del mundo.

Comienza la cuenta regresiva

Y así fue. Fueron unas vacaciones increíbles con mi familia, sin saber sobre cesantía, currículums, pretensiones de renta o nada similar. Sólo disfrutar de la arena, el mar calmo y tratar de no pensar en el futuro. Un poco nervioso por tener estar viajando sin empleo. Pero por lo menos ese objetivo lo logré correctamente: no acordarme de lo que se venía. Y me hizo bien.

Pero cuando volví había algo dentro mío que decía que no sería tan fácil como lo había planificado al principio. Llegamos del aeropuerto, a la casa, guardando las maletas y en dos días más comenzar con la rutina de todos: Mi mujer en su trabajo, los niños en el colegio y yo… frente a un computador pensando qué haría.

Afortunadamente (sé que soy un privilegiado en ese sentido), mis cálculos fueron que mi esposa me podía mantener un tiempo relativamente corto. Desde un principio me dio su apoyo y eso inyectaba en mí una especie de anestesia para no desesperarme, pero siempre entendimos que sería ese corto periodo de búsqueda, nada más. También a mí me incomodaba esto, pero lo recibía agradecido por el momento.

Exitosamente cesante

Comenzó a pasar el tiempo y empecé a sentir el peso de la cesantía en mi vida. Simplemente no salía nada. Enviaba currículums y muchos de ellos no sabía en qué quedaban. A veces me juntaba con amigos para despejarme un poco, pero noté que las reuniones empezaron a girar en torno a mí y mi situación. La gente trataba de ayudar desde lejos, dándome ideas, pero yo no necesitaba ideas tontas, sino un maldito contrato y mi cheque a fin de mes.

Sin querer y al paso de las semanas, sentimientos negativos comenzaron a apoderarse de mí. Me bajó la tolerancia a los momentos de esparcimiento y entretención, pues mi carácter se hizo más irritable. Una noche fui a una fiesta con mi mujer y me comentó mientras bailaba, que estaba súper entretenida y pasándolo bien. Mientras yo con cara de enojado no le contestaba. “Pero pásalo bien” me dijo, “¡Pero cómo lo voy a pasar bien si estoy sin trabajo!” le grité.

Más semanas pasaban y no podía entender por qué la gente estaba tan contenta por la vida. Y el enojo, a medida que avanzaba el tiempo se transformó en susto y luego de eso en tristeza de mi mismo, que es lo peor que te puede pasar. “Pobrecito de mí”, es el sentimiento más asesino de tu auto estima.

Lo más dificil es enfrentarse a ti mismo, al del espejo, que tiene la misma fuerza que tú, pero está remando para el otro lado. Te descuidas un segundo y él empieza a ganar. A veces lo sentía como una pelea contra mí mismo. Entonces erróneamente mundo gira en torno a ti, a tu sufrimiento y te olvidas de ponerle pasión a lo importante en ese momento: buscar trabajo.

El lunes en la mañana me levantaba temprano. Iba a va dejar a mis hijos al colegio, luego volvía a mi casa, con sueño porque me había acostado tarde el domingo y escuchas tu voz interior “estoy sin trabajo”. Me iba al gimnasio para tratar de distraerme, luego me duchaba y sentaba al frente al computador apagado: “Otro día más, por la mierda”. Ese lunes se transformaba en lo peor.

Capítulo 2: Punto de inflexión

Hasta que llegó el día del peor apaleo hasta ahora. Yo andaba idiota todo el día, refunfuñando por cualquier cosa y una mañana mi mujer cuando se iba al trabajo me despertó y dijo:

Con el ánimo con que andas, no me dan ganas de volver a la casa – sentenció.

Esa frase me despertó de inmediato y la sentí como un golpe en el estómago que me dolió hasta el alma. Y siguió:

No puede ser que tu felicidad esté fundamentada en tener o no tener trabajo – y se fue.

Realmente me dejó mal, mirando el techo y costó que me levantara de la cama por un rato. Al principio lo vi injusto porque sentía que un “pobre cesante como yo” no se merecía algo así, ya era duro con no tener trabajo para que me siguieran pegando en el suelo.

Me fui al gimnasio a trotar. Dándole vuelta a las frases, noté que mi cuerpo acusó recibo: comenzaron a brotar las lágrimas que me había aguantado todo este tiempo. Solas se caían sobre la trotadora. Primero pocas y luego se soltaron tantas que ya no podía detenerlas. No podía parar de trotar y de llorar, porque extrañamente una alimentaba a la otra.

Menos mal que no me vieron, me daba vergüenza, pero era imposible detener la pena de todo esto. Al final me di cuenta que me dolió por una simple razón: mi mujer estaba en lo correcto y me puso entre la espada y la pared.

Levantémonos de nuevo

Había sentido el golpe duro. Costó recuperarme porque había algo muy sabio en su queja ¿La felicidad la hace el trabajo? Con hijos, familia, buena salud y amigos, en realidad es injusto pensarlo así. Lo del trabajo era momentáneo pero me dominaba la cabeza y estaba dejando de ser el del siempre. Era obvio que si además veía todo gris, sería difícil contestar bien en las entrevistas que vinieran.

El principal miedo que tenía era verme debajo del puente, drogado, acordándome de la linda vida pasada cuando tenía empleo. Pero esa ridícula idea fue lo primero que el golpe ayudó a eliminar de la cabeza. Habrá que cambiarse de casa, a los niños de colegio por un tiempo, tendré que vender el auto, andar en micro, pasarlo mal un rato si así lo amerita la situación. Pero no terminaré de indigente en la calle.

Así que decidí ser feliz y tomar las cosas con otro ánimo, sin jamás descuidar que debía seguir buscando trabajo, pero ya con otra actitud. Simplemente esa decisión (que es sólo cerebral) me hizo recuperar la energía emocional y ver el presente con más colores y sentí que todo empezaba a mejorar desde dentro. El trabajo se demoró en llegar, pero fue una especie de pavimentar el camino para recorrerlo más cómodo.

¡Y tuvo resultados familiares! Mi mujer dos semanas después me dijo “no sé si te diste cuenta, pero has cambiado mucho en estas dos semanas, me sorprende! Te veo contento y estás super disponible a hacer cosas”. Para mí fue un alivio y un logro mental que ya estaba dominando y que por ahí se partía. Sentía que tenía mucho ánimo y confirmé que tengo al lado una increíble mujer.

Por eso quiero contarles qué cosas aprendí y enumerar las recomendaciones que les doy a los que están pasando lo mismo que yo viví. Entendiendo que cada realidad es diferente, pero aún así valen los consejos y sentimientos.

Cabeza limpia y sana

Está bien vivir el luto de la cesantía cuando te despiden. Es normal sentir cosas, frustración, derrota, fracaso, injusticia, lo que sea. Permítete vivirlo, enójate, quéjate, pégale a la almohada si quieres. Llora a moco tendido. Ándate a la casa de tu madre también si puedes. Es necesario pasar esa etapa y sentir que botaste algo tóxico para recién comenzar a pensar qué hacer. Por un par de días expulsa lo que tengas en tu cabeza y corazón.

Mientras buscaba trabajo, veía gente que estaba en las mismas que yo, pero todavía despotricando contra sus ex jefes, las injusticias del mundo y otros más. No lo recomiendo, límpiate. Veo en mi timeline de Linkedin cosas como “Amigos estoy en busqueda activa de trabajo, llevo 4 meses, las cosas no están tan fácil como antes.” Me encantaría ponerles “¡No hagas eso! ¡Despeja la cabeza primero!”.

Una vez que sientas que ya no hay mucho más que botar –e intentando que sea el menor tiempo posible– evalúa tomar un descanso. Si puedes ir a la playa por un fin de semana largo, 2 ó 3 semanas, genial. Date permiso para levantarte, ver el mar o el campo y que tus decisiones ese día sean tan complejas como si vas a comprar pan o te quedas un rato más en cama. Olvídate y desconéctate de lo que pasó. Menos revisar emails.

Es el momento para cargar tu batería personal. Ojalá que tengas la posibilidad de hacerlo, yo sé que no es fácil siempre, pero tómalo como una inversión para la búsqueda de trabajo que se viene luego. Esos días afuera te tienen que servir para que levantes el ánimo, te conectes con la naturaleza, lo simple de la vida que a veces olvidamos. Dibuja, pinta, escribe, haz manualidades, vuelve a tu instrumento si lo habías dejado, reconéctate con los tuyos, entre mil y otras cosas que te darán potencia para volver a buscar trabajo. Aprovecha de dormir bien,

Es normal que venga un proceso de introspección y que dure lo que tenga que durar: pero sin odio, para eso lo botaste los primeros días. Sea en tu descanso o después, repasa con tranquilidad qué hiciste bien y que no. Qué puedes aprender de todo esto y siempre piensa que estas cosas a uno lo hacen mejorar, entender lo que no viste y finalmente madurar tengamos la edad que tengamos.

Con eso, ya podemos tomar cartas en el asunto.

Capítulo 3: Proceso de empleabilidad

El cesante es alguien que tiene tiempo, así que es una oportunidad para ocuparlo en forma correcta. Como el dinero siempre apremia, abrí excel y desglosé mis gastos. Separé lo accesorio de lo relevante. A mí me gustaba comprarme zapatillas todos los meses, pero corté el gasto de inmediato, sin chistar. Pagar el colegio de los niños y otros no están en discusión, así que planifiqué cómo se venían los gastos para los siguientes meses y que nunca sabrás cuánto durarán.

También descubrí cuáles de mis deudas generaban más intereses y partí pagando por ahí ya que me quedaba algo de dinero. Me deshice de esas primero. Tenemos una carga importante de deudas en Chile, que se pueden solventar mes a mes con los sueldos y amortizarlas de a poco, pero cuando no estás generando, tienes que partir por ahí. Revisa tu seguro de cesantía y tómalo también.

¿Cómo tienes tu currículum? Si no lo habías pensado y crees que sí, es probable que haya que revisarlo. En mi caso le pedí a un headhunter que lo leyera y me lo “destruyó” porque estaba mal enfocado. Me di cuenta que nunca lo había leído en forma crítica, hasta tenía errores de tipeo que aunque suene imposible, nunca noté. Al final armé un documento que me quedó mucho mejor que el original y me sentí más seguro para enviarlo.

Recuérdalo siempre: tu mente debe estar ocupada. Buscar trabajo debes plantearlo como un gran proyecto, pero no el único. Organicé una rutina para buscar ofertas laborales dentro de la mañana, de 9:00 hrs. a 13:00 hrs. Enfocado, anotando lugares, nombres de personas, enviando proactivamente. No fallé con el horario y fui disciplinado. Luego me detenía y almorzaba en una hora. En la tarde inventé proyectos, aunque no eran rentables, pero daba lo mismo en ese momento, porque me mantenían ocupado. Tienes que refrescar la cabeza y es mejor eso, que reventarte una semana buscando todo el día trabajo porque te afectará en el ánimo. Dosifica disciplinadamente.

Conversa con gente

En esta vida no andamos solos y necesitamos a los demás para alcanzar lo que nos cuesta. Al final a todos en algún momento nos han echado una mano. Yo mismo he ayudado a varios, por lo tanto es hora de levantar la cabeza y con humildad pedir ayuda. Pero también debemos ponerle inteligencia a lo que pidamos,

En este plan de outplacement personal, conversé con un amigo que lo hizo formalmente hace un tiempo. Lo invité a un café y me regaló algunos tips:

  • No mandes tu CV a cualquiera que no te lo haya pedido, sino a gente que realmente lo necesite.
  • Las reuniones de networking son claves, porque te sientas con alguien que sabes que te va a recibir y que está bien conectado. Y tú le dices que estás buscando trabajo, pero no has venido a pedirle a él, sino que necesitas que te ayude a conectar con otros que sí podrían dártelo. De alguna manera le dices “tú para mí eres importante”, apelas a su vanidad, a su ego.
  • No andes con el currículum impreso a todos lados, porque si te lo piden y lo entregas en ese momento, no lo adaptarás al lugar de donde te lo están pidiendo. A mí me pasó y me di cuenta que no tenía un buen curriculum y por eso lo mandé a arreglar.

Estas reuniones con gente clave son muy importantes. Con lo más cercanos (que te aseguro un 99% que no te darán empleo directo) aprovecha de preguntarles sobre ti, qué imagen tienen. Es muy relevante confirmar o descubrir tus características, que te digan lo bueno o malo de ti y estar dispuesto a escuchar completamente.

“Dime con confianza, sin filtro más allá del respeto, lo que te parece que hago bien o mal” para mí fue un punto me abrió la cabeza. Descubrí aspectos que no sabía que otros valoraban de mí que fueron una agradable sorpresa. Confirmé las fortalezas que sí creía que tenía, pero que te lo digan, me elevó los niveles de autoconfianza. Y por supuesto, también me dijeron aspectos que debía mejorar y que normalmente nadie se anima a decirlos, pero que ahora estoy más atento a ellos. Por todos lados fue un gran ejercicio.

El problema es cuando no tienes la red de contactos activa y tienes que comenzar a construirla desde la presión y la angustia. Hazlo desde antes como ejercicio, saluda a la gente, felicítala por el cumpleaños del hijo, porque sale bien en la foto, hay tantas cosas para dar un mensaje positivo. Para él o ella ya subiste un peldaño.

También aprendí a trabajar solo, organizar mi propio tiempo. Me volví maniático de la agenda y a dedicarme una cosa a la vez. Si me siento a almorzar y conversar con alguien, me dedico sólo a eso y dejo de estar pendiente al teléfono, sino haces dos cosas mal. Poner en prioridad lo que realmente está primero.

Descubrí que no necesitamos un equipo de trabajo –jefes o subalternos– para organizarme. Como mi cabeza es esencialmente desordenada recurrí a la web para conocer herramientas de orden y productividad. ¡Hay muchas! Mi día lo parto con Google Calendar y pongo todo, desde el dentista de los niños, mis reuniones, etc. Y en un momento te das cuenta que tienes todo el día ocupado. Si no puedes hacer más, NO hagas nada más.

También es el momento de ofrecerte para hacer cosas. Siempre hay gente que necesita ayuda por muy doméstico que sea. Empieza a prestar manos. ¿Tienes que llevar documentos a algún lado? Yo los llevo, pásame dinero para el transporte y voy sin problemas. El tema es mantenerse ocupado.

Pregúntale a tu familia que tiene pendiente, ¡Ayúdalos! Mira tu casa lo que no está hecho y resuélvelo, es el momento. Nos quedamos sin nana, así que fue la oportunidad para aprender a cocinar, planchar la ropa (descubrí el infierno real, jaja), darme cuenta que barrer el patio es cansador, después el arte de hacer las camas, dejar impecable el baño, cocina, etc.

Las entrevistas de trabajo

Las entrevistas de trabajo comenzaron a llegar y lo hicieron para suerte mía, después del punto de inflexión. Entonces me agarraron en un buen momento, tranquilo emocionalmente, con mucha más claridad.

Necesitas a otros para preparar la entrevistas, que otro te pregunte, hagan el juego de roles. Para eso lo mejor es pedirle a tu pareja o a un amigo que te pregunte lo típico: por qué estás buscando trabajo, tus fortalezas, debilidades, cómo saliste de tu último empleo, entre otros. Ahí descubrí que a veces nos enredamos en las respuestas y hay que afinarlas.

Así que cuando me preguntaban por qué estás buscando trabajo, mi respuesta era clara: Porque el emprendimiento de los dos primeros meses no anduvo bien, porque necesita ganar más dinero, quiero pasar más tiempo ocupado, etc.

Ante eso –lo del emprendimiento– alguien me pidió que le explicara más. Yo sin complicarme dije honestamente: me fue mal, no logré los objetivos que quería. “¿Entonces cuál es la diferencia con este trabajo? ¿Te vas a rendir si no resulta?”. Sabía que me podían preguntar eso y ya tenía clara la respuesta, basada en la realidad, pero practicada el día anterior para no fallar.

“Lo que pasa es que como me despidieron en mi trabajo anterior no tenía plata para aguantar 1 año y medio que es lo que se demora una empresa en salir adelante. Financieramente me pilló la máquina. Esta empresa tiene las espaldas financieras para aguantar un tiempo. La gestión no falló, sino los cierres de negocios que no son antes de 3 meses”. La respuesta le hizo mucho sentido al entrevistador y de hecho me jugó a favor.

En la entrevista fue bueno aprender a manejar el discurso: emprendí, fallé y no pasa nada, te puedes equivocar, estoy activando otros caminos, un plan B, etc. En las empresas grandes pasa lo mismo, si tu plan primario falla, activas el secundario.

Por muy sano y limpio que estés, tampoco quiero engañar a nadie: La ansiedad siempre está presente y debes controlarla. Comencé a cuestionarme qué tiempo era prudente para preguntar sobre los resultados de una entrevista. Ni muy poco, ni mucho obviamente. Al final concluí que una semana era lo adecuado y a nadie presioné más de una vez a la semana. Una vez alguien me comentó si yo estaba apurado y dije “sí, obvio quiero encontrar empleo luego, pero no te quiero atosigar con preguntas”. Su respuesta fue “ah, ok, no te preocupes, no hemos avanzado nada todavía”. Bien.

Uno de los peores errores es que, bajo la presión de encontrar trabajo, te seduzca una oferta que no te haga sentido en tus valores. Y la razón es simple: si de verdad no estás bien, querrás salir a los seis meses. Tuve una entrevista donde después de llevar conversando un rato, me preguntaron “¿Finalmente quieres trabajar aquí?” y mi respuesta la saqué del corazón “quiero trabajar” dije. Noté que a la persona no le gustó la respuesta, él quería que lo adularan un poco y dijera que me moría por trabajar con él. Eso me dio la sensación que no era mi lugar.

También es importante mantener la frialdad en los momentos que aplique. Si vas a una entrevista y el proyecto y las oficinas te encantan, mantén la mente en blanco. Trata de no caer –en ese momento– en externalizar todas tus ganas de quedar ahí porque te enamoraste a primera vista y ya te ves conversando con tus compañeros, liderando un proyecto o coordinando con la secretaria la sala de reuniones. La expectativas te las harás igual, pero mejor procesa lo que estás sintiendo en el estómago, date cuenta. Acepta que quieres quedar ahí, no hay problemas con eso, es natural y esperable. Respira y llama a la calma mental, que siempre jugará en tu favor.

Hasta que después de siete meses, llegó lo que estaba esperando.

¡Al fin!

Fui a la última entrevista, luego de largos siete meses y me pasó algo divertido. Estaba en la pelea con 6 candidatos, cada uno con diferentes perfiles. Yo comencé a avanzar y cuando fui a lo último, donde era una prueba de conocimiento, me quedé con la sensación que no había otro segundo contendor y que me estaban probando a mí. Nunca supe si fue cierto o no. Pero si había otro, genial porque le estoy ganado. Y si no, bueno querían que no me sintiera tan seguro y que siguiera hasta al final demostrando todo lo que sabía. ¡Me gustó cómo lo manejaron!

Hasta que no me dijeron “sí, tú eres”, anduve ansioso. ¡Díganme algo por favor! Mantuve firme mi postura de no preguntar antes de una semana. Me contuve y seguí adelante con mi rutina diaria.

Finalmente me llamaron y dijeron que era un “casi sí”. Esos días volvió la ansiedad, como cuando tienes una buena noticia, pero no puedes contársela a nadie. Todos me preguntaban cómo me había ido y yo respondía que era el último seleccionado. “¿Pero quedaste o no?”, insistían. “Casi sí” decía. “¿Qué es eso Andrés?” Y era un momento relajado para bajar la tensión.

Días después me confirmaron. De nuevo volví a estar de vacaciones porque tenía dos semanas libre antes de entrar. Fue un alivio, un relajo. Me iba a la piscina de un estadio todos los día con mi hijo. Finalmente me desconecté de la angustia de no estar trabajando y realmente sorprendido de todo el tiempo que había pasado.

Revisé el closet y noté que tenía que comprarme ropa. Llevaba 6 meses sin ocupar las camisas. Las miré una a una y comencé a desecharlas, boté el 90% de ellas. Se venía un cargo de responsabilidad, de negocios y tengo que andar de punta en blanco. Mi mujer con su sabiduría y honestidad a rajatabla me dijo que yo era experto en comprarme camisas feas y se ofreció a acompañarme. Ok, de verdad fue una tremenda ayuda.

Agradecimientos

Mucha gente me ayudó. A veces no estamos muy preparados para recibir ayuda, es raro lo que estoy diciendo, pero a muchos les cuesta recibir, sienten que sólo ellos pueden ayudar. Mi regla es: si te ayudan, da la gracias y acéptalo.

Ahora con trabajo, ya comencé a agradecer a varios que estuvieron conmigo en estos siete meses. Invitarlos a charlar después del trabajo o un vino de regalo en su oficina. Hubo gente que nunca conocí presencialmente, pero hasta por facebook me recibieron el currículum y tuvieron palabras de apoyo. Estoy seguro que hasta eso ayudó a que tuviera trabajo ahora, lo que me comentaron, lo que dijeron de alguna u otra manera me ayudó a ordenar mi cabeza.

Una vez fui a visitar a un ex cliente. Luego que me escuchara le di las gracias por recibirme y me dijo que no le agradeciera, sino que ahora tenía la posibilidad de demostrar lo buen profesional que era. Otro me contó su historia de cesantía y se lo agradecí mucho. Y hubo uno que decía que no hay que dar gracias porque te ayuden, sino porque puedes ayudar y yo me quedé sorprendido con ese tremendo pedazo de sabiduría. Sólo atiné a decirle ¡Wow, gracias!

Me acerqué a gente que tenía fama de mal genio, de jefe terrible. Pero al conocerlos te das cuenta que son otras personas, muy dulces. Es como cuando vas al oculista, te pone cristales y comienzas a ver mejor de a poco. Ponle más cristales y descubre más allá de lo que proyectan las personas, a veces te encuentras con grandes seres humanos.

Como sufrí lo difícil que es perded el trabajo, también mi actitud cambió: ahora que escucho gente desempleada. Llegó a mis oídos que dos conocidos quedaron sin empleo. Inmediatamente y sin que me lo pidieran, me acordé de un amigo, le pedí si podía recibirlos y los coordiné para que hablaran. Si hoy me piden que reciba a un amigo para hacer networking, respondo absolutamente sí!

Lo último

Cesante aprendí tantas cosas, que para mí el 2015 no fue un año malo, para nada. Fue un año duro, sí, pero malo no. Hay gente que vive de la queja y esa gente es la que hoy me cuesta más aceptar.

Saqué hartas cosas buenas: una buena autoevaluación, buena señal de mi mujer, apoyadora, implacable en sus juicios, pero generosa siempre. Conocí más aún a mis hijos, porque estuve mucho tiempo con ellos sin revisar el celular, algo que nunca había ocurrido y lo disfruté cada minuto.

Nos conocemos en los momentos difíciles, ahí realmente sale nuestro carácter y madurez a flote. Y de paso aprovechamos de conocer a los demás. Mi mensaje a los que están cesantes hoy, les digo que no se rindan, ya saldrá algo. Revisa lo que has hecho en forma crítica, dile a los demás que te hablen de ti, tus fortalezas y debilidades. Es el momento de invertir en tu futuro, alimentándote con buen ánimo y sin perder las esperanzas jamás.

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