Cuidado con la Zona de Confort

El news del Coach

En mi vida casi no tengo cosas que arrepentirme. Las buenas las recibí con alegría, las malas con humildad y aprendizaje, pero hay una categoría que son las que uno se arrepiente. Ésta es la historia de una de ellas. 

Desde quinto básico a algunos años en al universidad practiqué básquetbol como mi principal deporte. Luego me pasé al fútbol, hasta que cumplí 40 años. Estuve un año sin deporte oficial y luego retomé básquetbol hasta hoy, el cual llevo un año practicando (importante este dato).

En resumen sumando todos los años, me dan: 🏀 Básquetbol 13 y ⚽ fútbol 19.

Sin embargo; si resumo en una frase mi relación con cada deporte, sería:

Básquetbol: lo amo 🧡 y quiero jugarlo hasta que no me den las fuerzas.

Fútbol: nunca me gustó mucho y siempre fui malo. Incluso en muchos partidos, fui el más malo del equipo.

Entonces ¿Por qué practiqué durante tanto tiempo un deporte que apenas me gustaba y que ni siquiera podía destacar? Un par de años es medianamente entendible ¿Pero 19? ¿Qué pasó?

Tengo la peor respuesta de todas: No lo sé muy bien. 😓

¡Por qué me demoré tanto en volver al basquet! 😥 Me lo he preguntado mil veces y no encuentro respuesta satisfactoria. Pienso que debiese haberlo retomado MUCHO ANTES o incluso NUNCA HABERLO ABANDONADO.

¡Perdí 19 años haciendo algo que no era para mí! 👎 ¡Eso es grave, la vida es tan corta!

Tengo dos aprendizajes que me hace suponer por qué sucedió:

  • Cuando joven formé 2 creencias que me hicieron erróneamente abandonar el básquet: En la universidad fui a los talleres y selección de básquetbol. El nivel era muy bueno a nivel nacional y por supuesto me frustré porque debía comenzar desde abajo. Entonces la primera creencia fue: “No estoy para esto, ya jugué en el colegio, así que no me interesa la selección de la universidad” y a finales de los noventa cerré la posibilidad de mejorar y ser un mejor deportista con gente de buen nivel 🤦‍♂️. Aún así intenté buscar gente que jugara básquet, para juntarnos en estadios o plazas, pero no me resultaba. Como no es un deporte tan masivo acá, mi segunda creencia (falsa) fue: “En Santiago es muy difícil encontrar a otros con quién jugar básquet. Parece que llegó el final de mi relación con este deporte, tendré que pasarme a fútbol que es más fácil, no queda otra”. 
  • Normalicé lo no tan bueno. Ya les había contando que nunca fui bueno para el fútbol. Comenzó a formarse en mi cabeza la idea de que un fútbol de baja calidad sí podía ser posible porque en realidad lo que importaba era compartir con los amigos, que todo era una excusa para juntarse. No importa si por mi culpa hacían un gol. O si no me daban las fuerzas del muslo para patear bien un tiro y salía débil. O incluso si no podía alcanzar al contrincante mientras corría y sabía que no me la podía, pero qué importaba. Yo ya sabía que era malo, pero eso me daba la posibilidad de compartir con los compañeros, es decir, el fútbol sin talento se transformó en una excusa social que duró muchos años. Fue una larga zona de confort de casi dos décadas que sinceramente no me enseñó nada, nunca me aportó algo valioso, no crecí. Finalmente el último tiempo, sólo corría cuando era necesario. Estaba malo de frentón, vi muchas discusiones de compañeros impacientes regañándose porque no les daban la pelota, que las faltas peligrosas, mi cansancio y así se alargaba el tiempo. Hasta que dije a los 40 años… basta.

Pitazo final

Volví al básquet a los 41 años y me vinieron varias lesiones porque el cuerpo ya no es lo mismo. Pero no me importa, porque rompí las creencias falsas y amo este deporte. Me costó encontrar gente para armar pichangas, pero lo logré. Averigüé en los apoderados del colegio de mis hijos y en la industria publicitaria. Cada vez que veía a alguien alto le preguntaba “¿Juegas básquetbol?” y general respondían “Sí jugué”. Habían otros que ya jugaban en un equipo y me di cuenta que no era tan difícil como la torpe idea que se me incrustó en la cabeza de que no había gente.

No sé cuánto dure esto porque ya no soy tan joven, pero estoy feliz. 

Miro para atrás y sólo quiero a alguien NO le pase esto que me ocurrió. No es bueno normalizar lo que NO TE APORTA, no te hace crecer, pero es sumamente difícil darse cuenta, por favor, quédate con esa enseñanza 🙏. La zona de confort es un sitio PELIGROSO.

Me encantaría haberme topado con un coach en esos momentos, aunque quizás por arrogancia no lo hubiese tomado en cuenta.

Así crecemos, con nuestros aciertos y errores.

¿Estás en alguna zona de confort en tu vida? 

Cuéntame y te mando un gran abrazo veraniego.

Atte.

Cris Coach

Frase de la semana: Todo lo que deseas en la vida está fuera de tu zona de comodidad y dentro de la zona de oportunidad. Raimón Samsó.


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